EL UNIVERSO CONCENTRACIONARIO NAZI

EL UNIVERSO CONCENTRACIONARIO NAZI

Ana Frank, la autora adolescente de un Diario que dio la Vuelta al mundo cuando su padre Otto, tras escapar del campo de concentración y de la muerte, decidió publicarlos en 1947, había desaparecido en uno de aquellos campos de horror, Bergen-Belsen, entre finales de febrero y principios de marzo de 1945. Hace ahora de esto poco más de cincuenta años.
Ana era judía, vivía en Amsterdam, a donde se habían trasladado sus padres desde Alemania, y tenía sólo trece años cuando, huyendo de las tropas de Hitler que habían invadido el país, se refugió (junio de 1942) junto con su familia y otras personas en una buhardilla contigua al lugar donde trabajaba su padre, comerciante. Allí descubrió y anotó muchas cosas, cosas que antes quizá no había siquiera sospechado a propósito de si misma y de quienes la rodeaban, y quiso convertirse en escritora - publicar su Diario- el día en que llegara la paz. Había oído al ministro de Educación Holandés en el exilio, por la radio, decir que ello serviría a otros muchos, para no repetir tanta desgracia, para no ceder a la barbarie. Algo después de que se cumplieran dos años del encierro, sin embargo, a principios de agosto de 1944, todos los ocupantes de la casa de atrás, Ana incluida, fueron detenidos por las SS hitlerianas y por la Policía Verde holandesa, conjuntamente, quizá después de que algún vecino hubiera denunciado a los refugiados.

Tras pasar por varias estaciones para detenidos políticos en la misma Holanda, los Frank y sus amigos fueron deportados hacia el Este, en los últimos trenes que salieron a principios de septiembre en dirección a Auschwitz, en Polonia. De allí en adelante sufrirían destinos distintos. Ana, deportada a finales de octubre a Bergen-Belsen, al norte de Alemania, sucumbió en la epidemia de tifus declarada en el campo poco después de que muriera su hermana Margot, y a lo sumo, sólo mes y medio antes de que las tropas inglesas entraran en el campo liberando a los supervivientes. Los restos de las dos yacen, seguramente, en la fosa común. Su padre, que por el contrario no había sido trasladado a Auschwitz, iba a ser, de todos los personajes que Ana Frank recrea en su Diario, el único en vivir para dar testimonio.