La CIA desclasifico 20 expedientes nazis, uno sobre Hitler
abril de 2001
Reuters
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Washington - La CIA desclasificó expedientes sobre Adolf Hitler, Josef Mengele y otros nazis de alto rango, incluyendo algunos que después trabajaron para agencias de espionaje de Estados Unidos y otros países para evadir la persecución durante la Guerra Fría.
“Estos archivos demuestran que los verdaderos ganadores de la Guerra Fría fueron los criminales nazis, y que muchos de ellos lograron evadir la justicia porque después de la Segunda Guerra Mundial el Este y el Oeste se dedicaron a retarse uno a otro, perdiendo voluntad para perseguir a los criminales nazis”, dijo Eli Rosenbaum, del departamento de Justicia.
“Incluso muchos criminales nazis sirvieron de contacto a algunas agencias de inteligencia durante la Guerra Fría”, agregó al divulgar los documentos.
Los 20 expedientes desclasificados incluyen los de Hitler y Mengele. Este último realizó experimentos médicos con prisioneros judíos en el campo de concentración de Auschwitz.
También fue desclasificado el expediente del criminal de guerra y jefe de la temida Gestapo Heinrich Mueller, así como los de Adolf Eichmann, artífice del plan para la exterminación masiva de judío, y Klaus Barbie, jefe de la Gestapo durante la ocupación alemana de Lyon, Francia.
También se desclasificó el expediente del ex secretario general de las Naciones Unidas Kurt Waldheim, a quien se le prohibió la entrada a Estados Unidos cuando era presidente de Austria en la década de 1980, tras acusaciones de que estuvo involucrada en atrocidades nazis durante la guerra.
En el expediente de Hitler, los investigadores no pudieron encontrar casi nada nuevo, excepto una cita de su médico personal, quien predijo en 1937 que éste terminaría siendo “el criminal ms perverso que el mundo haya visto jamás”.
La oficina estadounidense de Servicios Estratégicos, el antecedente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), obtuvo esta información sobre Hitler en 1944, un año antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial.
Los otros 14 expedientes desclasificados de la CIA son de otros nazis importantes que sobrevivieron la guerra y que fueron señalados como sospechosos de haber participado en crímenes contra la humanidad.
Según Rosenbaum, al menos seis de los nazis cuyos expedientes se revelaron trabajaron para agencias de inteligencia de Estados Unidos, incluyendo cuatro implicados en crímenes nazis.
El funcionario dijo que seis nazis -incluyendo a Waldheim- podrían haber estado involucrados con organismos de espionaje soviéticos, tres con los de la ex Alemania Federal, dos con los franceses y uno con los británicos.
Encuentran anillo de matrimonio de Hitler y Eva Braun
Jueves 26 de abril de 2001
Afp
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Un equipo de televisión encontró en Estados Unidos el anillo con que Adolf Hitler desposó a Eva Braun, en la ceremonia de boda celebrada en el búnker berlinés donde ambos se suicidaron el 30 de abril de 1945.
Un reportero de la segunda cadena de la televisión alemana (ZDF), localizó la sortija nupcial, en poder de un coleccionistas norteamericano cuya identidad no ha sido revelada, informa ayer el diario “Bild”.
Braun fue la amante de Hitler durante diez años, pero él no accedió a la boda hasta prácticamente el último momento, mientras la aviación aliada descargaba sus bombardeos sobre Berlín y el ejército rojo soviético ultimaba la toma de la entonces capital del Tercer Reich.
En su búnker, y en presencia de su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, así como la esposa e hijos de éste, Hitler se casó con Eva un día antes del suicidio colectivo.
Según el reportaje, el Führer mandó forjar el anillo a toda prisa a uno de sus ayudantes y la sortija resultó ser demasiado grande para la destinataria.
Tras la boda en el búnker y poco antes de morir, Eva Braun entregó el anillo a una confidente suya, luego quedó depositado en una caja de seguridad de una entidad de ahorros alemana y de ahí pasó, por conductos no revelados, al coleccionista estadounidense.
Revelan secreto histórico
Ex oficial ruso: “Yo boté cenizas de Hitler”
mayo de 2001
AFP
Moscú
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Foto: Associated Press
Las cenizas del Führer fueron arrojadas en un lugar desconocido, que Vladimir Gumeniuk no piensa dar a conocer.
Un ex oficial soviético, que cumpliendo una orden de Moscú, quemó y esparció al aire las cenizas de Hitler, en 1970, reveló los detalles de ese suceso mantenido en secreto durante casi treinta años. El teniente coronel jubilado Vladimir Gumeniuk, de 64 años, actualmente director adjunto de un hotel, declaró que nunca precisará el lugar en el que dispersó las cenizas del Führer, de su amante Eva Braun y de la pareja Goebbels. “Hay muchos neonazis en el mundo. Habría peregrinaciones”, explicó. Último superviviente del equipo de tres militares que participaron en la operación, quiere llevar su secreto a la tumba.
En 1970, Gumeniuk era teniente y servía en una unidad especial del ejército soviético, con base en Magdeburgo(Alemania), que era la guardiana de las cajas de madera que contenían los restos del jefe del III Reich y de sus allegados, encontrados quemados entre las ruinas del edificio de la Cancillería en 1945.
Recibiendo órdenes de superiores, la noche del 4 al 5 de abril de 1970, Gumeniuk desenterró las cajas, que se hallaban a 1,7 metros bajo tierra. Los tres hombres las cargaron en un vehículo y partieron al alba. Se detuvieron en la orilla de un río, derramaron gasolina en las cajas y les prendieron fuego. Gumeniuk recogió las cenizas y las metió en una mochila y después “las dispersé”.
El Vaticano lo beatificará junto con dos monjas y un arzobispo
Nikolauss Gross, el periodista que intentó matar a Hitler
octubre de 2001
Ariel Diéguez
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Gross dirigía el periódico Westdeutschen Arbeiterzeitung, donde criticaba el nazismo.
Hitler puso a sus más feroces colaboradores a investigar el atentado en su contra.
Fue minero y director de un periódico dirigido a los trabajadores que atacó al nazismo. Hitler lo acusó de haber fraguado un complot para atentar contra su vida y lo mandó ejecutar por traición.
Minero, dirigente sindical, director de un periódico antinazi, padre de siete hijos y mártir. Aunque fue católico observante, Nikolaus Gross tuvo una vida mundana, alejada de la contemplación, e incluso se le acusó de participar en un complot para asesinar a Hitler en 1944. Para El Vaticano, este currículum fue más que suficiente para transformarlo en nuevo beato.
En una ceremonia que debiera realizarse en la Plaza de San Pedro, Gross compartirá escenario con una monja alemana, una monja canadiense y un arzobispo armenio. Él es el único “civil” en esta nueva partida de hombres y mujeres que quedarán a medio camino de la santidad, todo un honor para un hombre que luchó sistemáticamente contra el Tercer Reich y que pagó con su vida la osadía de protestar por sus atrocidades.
El 30 de septiembre de 1898 nació en Niederwenigern, en la cuenca del río Rhur, en el oeste de Alemania. Esta región estaba plagada de ciudades con chimeneas humeantes que vivían de las minas de carbón. El pequeño Nikolaus siguió la tradición y muy joven se transformó en minero. A los 19 años se inscribió en el sindicato cristiano de mineros y un año después ingresó al Partido Cristiano de Centro.
A los 22 años empezó a trabajar en en el periódico Westdeutschen Arbeiterzeitung, perteneciente al Movimiento Católico de Trabajadores. Dos años después se transformó en su director.
Instalado en Colonia, otra ciudad del oeste de Alemania, y al mando del periódico, Gross inició una fuerte campaña en contra del Nacionalsocialismo. Cuando Adolf Hitler, líder de ese movimiento, llegó al poder, este ex minero comenzó a tener problemas. Siguió advirtiéndole al pueblo y a los trabajadores de los peligros del nazismo y en 1938 el periódico fue cerrado por Hitler.
Desde la clandestinidad continuó publicando y colaboró con otros católicos contrarios al régimen, como el jesuita padre Alfred Delp y el laico Emil Letterhaus. Todos ellos fueron acusados de conspirar para asesinar a Hitler.
La Guarida del Lobo
El 18 de julio de 1944, Hitler almorzó prácticamente solo en su búnker en Berlín y le comentó a su secretaria, Christa Schroeder, que “se está fraguando algo”. El hombre del bigotillo temía por su vida y tenía dudas de que las formidables defensas de sus instalaciones pudieran cumplir sus objetivos. Con varios de sus oficiales más cercanos dispersos en operaciones militares, pensó que alguien estaba buscando asesinarlo, pero no sabía exactamente quién.¿Comandos enemigos, miembros de sus filas, nobles alemanes? Podría ser cualquiera.
Con los aliados penetrando en Francia, Hitler convocó a una junta militar el 20 de julio en la Guarida del Lobo, una verdadera fortaleza blindada. En un grisáceo salón de juntas, los generales y oficiales convocados comenzaron a rendirle cuentas a Hitler sobre el estado y la distribución de las tropas.
Luego de intervenir, el coronel Schenk Von Stauffenberg, que tenía su mano mutilada, extrañamente salió de la habitación, a pesar de que la reunión aún no terminaba.
Hitler no le dio importancia y continuó escuchando los informes. Se inclinó sobre una mesa para observar un gran mapa, mientras un general de la Luftwaffe seguía hablando. En ese momento explotó una bomba a menos de tres metros de distancia, en el mismo salón de juntas. Hitler, que estaba de espaldas a la bomba, pensó que los aliados los estaban bombardeando. Quedó en el suelo, cubierto de yeso y restos de vigas. El humo se disipó y distinguió sombras. Pensó que si era un bombardeo no podría salir al jardín y se adentró hacia otras habitaciones.
Un escolta lo llevó hasta el búnker y Hitler descubrió que estaba herido. Luego de unos minutos, llegaron sus secretarias y él les dijo “señoras, todo ha salido bien”. Pronto comprendió que no se trataba de un bombardeo y puso a sus mejores hombres de inteligencia a averiguar quién estaba detrás del atentado.
Los hombres de Hitler acusaron a Nikolaus Gross y a su grupo de estar implicados. El 12 de agosto fue arrestado y en enero de 1945 se le condenó por traición. El 23 de enero de este año fue ejecutado en una prisión de Berlín y sus restos fueron cremados. Sus cenizas fueron esparcidas para que no quedara ningún rastro de su cadáver.
Fe y amor al pobre
“Nosotros, trabajadores católicos, rechazamos con fuerza y con claridad el Nacionalsocialismo, no sólo por motivos políticos o económicos, sino decididamente también por nuestra postura religiosa y cultural”, escribió Nikolaus Gross en el períodico que dirigía.
Según los católicos, el mérito de Gross fue transmitir fe e impedir que el régimen gobernante destruyera el catolicismo y a los trabajadores. “La mayoría de las grandes empresas resultan del diario cumplimiento del deber de uno en pequeñas y cotidianas cosas. Lo que es valorable en el quehacer es nuestro especial amor por el pobre y el enfermo”, se puede leer en otro de sus textos.
Entre sus escritos desde la clandestinidad hay uno que habla de su Dios y la obediencia. “Si se nos pide que hagamos algo que va contra Dios o la fe, no sólo debemos no hacerlo, sino que también debemos rehusarnos a obedecer”, escribió.
Murió ex jefe del Mossad que planificó el secuestro de Adolf Eichmann en Buenos Aires
La historia del súper agente israelí que cazó a jefe nazi en Argentina
Jueves 20 de febrero de 2003
Agencias, LUN/Jerusalén
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Harel obtuvo el famoso informe de Kruschev al XX Congreso del PC soviético y se lo pasó luego a los estadounidenses.
Adolf Eichmann, uno de los responsables del Holocausto judío, secuestrado en Argentina en 1960.
A los 91 años, falleció en Tel Aviv Isser Harel figura histórica de los servicios de inteligencia y contraespionaje hebreos.
Isser Harel, una figura histórica de los servicios de inteligencia israelíes, fallecido el martes a los 91 años, era considerado “el padre” del Mossad (la agencia de inteligencia exterior de Israel), desde cuya dirección capturó en 1960 a uno de los principales ejecutores de la “solución final”, el nazi Adolf Eichmann, escondido en Argentina. Harel murió luego de una prolongada enfermedad en un hospital de las afueras de Tel Aviv.
Este individuo enérgico, hombre de confianza del primer jefe de gobierno israelí David Ben Gurion, ejerció un enorme poder durante más de una década en el seno del Mossad, de gran reputación en todo el mundo. Precisamente, tras una fuerte disputa con Ben Gurion, sobre la histórica reconciliación con Alemania, Harel dimitió como jefe del Mossad.
En un caso sin precedentes en Israel, entre 1952 y 1963 acumuló los cargos de director del Mossad y del Shin Beth, el servicio de seguridad interior, encargado fundamentalmente del contraespionaje y de la lucha “antiterrorista”. Nació en Rusia y emigró en 1930 a Palestina, en la época del mandato británico. Luego entró a la Haganá, el ejército clandestino judío, donde fue destinado al servicio de inteligencia militar.
Luego de la creación del Estado de Israel, en 1948, asumió la dirección del Shin Beth. También era miembro del Mapai, antecesor del Partido Laborista, donde utilizó su cargo para colocar bajo escucha a algunos de sus rivales políticos de izquierda sospechosos de simpatizar con el régimen soviético.
El Mossad logró también, bajo su dirección, obtener el célebre informe secreto sobre los crímenes de Stalin presentado en 1956 por Nikita Kruschev ante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Dicho documento fue luego transmitido a EE.UU. También logró desenmascarar a varios “topos” soviéticos infiltrados sobre todo en el ministerio de Defensa israelí.
Cacería humana
Pero el caso que le valió celebridad internacional tuvo lugar en 1960, cuando luego de una persecución de varios años, agentes del Mossad lograron encontrar y luego secuestrar a Eichmann en un suburbio de Buenos Aires. Eichmann, el principal responsable nazi de la aplicación de la “solución final”, el plan de exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, fue juzgado en Israel, donde fue declarado culpable de genocidio en 1961 y un año después fue ahorcado.
En su libro “La casa en la calle Garibaldi”, Harel describió la búsqueda de Eichmann, a quien descubrió finalmente en Buenos Aires, bajo el pseudónimo de Ricardo Klement. Durante todos esos años, el nombre de Isser Harel fue mantenido secreto. Se lo llamaba con el seudónimo “ha memuné” (el responsable) en hebreo.
El “pequeño Isser”
Llamado debido a su pequeña estatura el “pequeño Isser”, Harel fue un personaje muy polémico en Israel. Mientras que unos lo admiraban por haber transformado el servicio secreto en una potente arma del joven Estado judío, otros lo acusaban de dirigir la inteligencia de una forma demasiado rígida y de aplicar métodos propios de la “inquisición”.
A comienzos de los 60, ordenó una campaña de intimidación contra científicos alemanes, entre ellos muchos antiguos nazis, que participaban en un proyecto egipcio para construir misiles y otras armas. Algunos de ellos recibieron cartas bomba, y otros fueron víctimas de intentos de asesinato por parte de agentes del Mossad. Entre 1969 y 1973, Harel fue diputado en la Knesset (Parlamento israelí). Después, se dedicó fundamentalmente a escribir libros sobre espionaje.










