LA SOLUCIÓN FINAL: WANNSEE, 20-1-1942
Cumpliendo las órdenes recibidas de solucionar la cuestión judía, el 20 de Enero de 1942, Heydrich reunió en el distrito berlinés de Wannsee a 13 personajes pertenecientes al Departamento Superior de Seguridad (RSA); a la Cancillería; a los Ministerios de Justicia, de Exteriores y del Plan Cuatrienal, y a los responsables de la represión en Polonia y en el Báltico. Como secretario actuó el coronel de las SS Adolf Eichman, del RSA, en cuyas actas puede leerse:
“Cerca de once millones de judíos han de ser tomados en consideración para esta solución final de la cuestión de los judíos europeos; estos están distribuidos en los diversos países del modo siguiente […] Durante l proceso de realización de la solución final, Europa será barrida de Oeste a Este”
Hasta entonces, los judíos habían sido expulsados, expoliados, deportados, encarcelados, obligados a trabajar hasta la extenuación e, incluso, asesinado, pero el genocidio sistemático, industrializado, comenzó a partir de la conferencia de Wannsee. En las actas no se habla de realizar una matanza masiva -los nazis fueron siempre muy cuidadosos en no reflejar sus atrocidades en documentos de circulación corriente-. Pero Eichman, durante su proceso en Israel, declaró que en la discusiones se consideró la matanza, la eliminación y la aniquilación.
¿Quién dispuso tal atrocidad? El más autorizado biógrafo de Hitler, Bullock, responde: No pudieron ser los burócratas que asistieron a la conferencia de Wannsee, y que tan solo estaban preocupados por los problemas prácticos que planteaba la ejecución del proyecto. Tan sólo Hitler tenía la imaginación necesaria -aunque perversa- para idear un plan de esta índole.
El comandante de Auschwitz, Hoess, declaró ante el tribunal que le juzgó en 1946 que Himmler, en nombre de Hitler, le ordenó crear una fábrica de exterminio:
El Führer ha ordenado la solución final de la cuestión y a nosotros -las SS- nos toca llevar a cabo esa orden… He elegido Auschwitz para esa misión […]. Será una tarea pesada y difícil, y requerirá su plena participación personal. Guardará el más estricto silencio en lo que respecta a esta orden, incluso frente a sus superiores […]. Todo judío al que podamos echar el guante debe ser exterminado sin ninguna excepción. Si no logramos destruir ahora la base del judaísmo, llegará el día en que los judíos destruirán al pueblo alemán.










